Bowmore 12 Year old

Bowmore, además de ser la capital de Islay, presta el nombre a una de las destilerías más antiguas de Escocia, que data de 1779. El pueblo fue construido en 1770, junto al mar y alrededor de la iglesia de Kilarrow Parish, que tiene la curiosidad de ser de base circular para que, según la leyenda,  “el diablo no se esconda en ningún rincon”.

Las famosas bodegas de Bowmore están situadas por debajo del nivel del mar. Dentro de sus paredes húmedas, los barriles se impregnan del aire marino y van transmitiendo lentamente, durante años, su carácter único y dotan de personalidad a los whiskies contenidos en ellos.

El principal exponente del carácter marino de Bowmore es su versión de 12 años. Ganó el trofeo Most Impressive Packaging en la International Wine & Spirit Competition de 2009 y la medalla de oro en la Internacional Spirits Challenge del mismo año.

La cata se ha realizado con un Bowmore 12 Year old, embotellado a 40º. El coste de la botella ha sido de 30 euros.

Bowmore 12

Color: Oro brillante.

Aroma: La percepción es clara, estamos en la costa, junto al mar. Se distingue madera, brisa marina, marisco al fuego, ostras y sal.

Paladar: Es la confirmación de lo anterior pero mucho más fuerte. Se nota barbacoa, marisco, madera, limón, algo de turba, mucho humo y mucha sal. El alcohol no molesta para nada.

Final: Fuerte y medio largo, ahumado y, nuevamente, muy salado.

La destilería lo describe como un whisky complejo, en el que se encuentran notas de miel y chocolate, pero este no ha sido el comportamiento detectado. Con el Bowmore 12 Year old, las clásicas descripciones de “complejo, equilibrado o delicado” no van con él, al contrario, es rudo, fuerte y con mucho sabor.

Hay que tomarlo, si es posible, al aire libre y con calma, ya que cada trago sacia. La sensación de estar en la playa junto al mar o en un puerto, será intensa. Y mejor aún si se está…

PUNTUACIÓN:  84 

 

 

El whisky del mes

One Comment

  1. Hoy el día está como para quedarse en casa, pegado a la botella, viendo jarrear desde la ventana y dando sorbos a un whisky de este estilo. Me preocupa que haciendo eso vaya a ir cumpliendo con los dos grandes síntomas de la decadencia whiskera, a saber, beber sólo y beber por la mañana.
    En los días así me acuerdo de este destilado en particular porque fue mi primer Islay, comprado sin conocer apenas nada ni de la bodega, ni del whisky. Tampoco es que ahora sepa mucho más. Fui mi primera experiencia con el humo, que noté nada más abrir la botella: el característico olor de los embutidos ahumados de mi tierra, el aroma de la cecina. Fue también la primera vez que noté el aroma salobre de algas, mar y todo eso. Mi mujer, que no bebe, lo percibió nada más acercar la nariz y mojar los labios, como el sabor que te queda cuando tragas sin querer agua de mar, dijo. A mí me costó pillarlo, y aún ahora lo distingo bastante mal en casi todos los whiskys, y eso me frustra pues es lo que más me atrae de los whiskys de la isla. Lo recuerdo como un licor anguloso y rudo, ligeramente cítrico y con sabores a fruta de verano, melocotón, o algo así. Pero hace bastante de eso y no he vuelto a comprarlo. El que muestras en la foto, con la presentación vieja, en su lata y con vaso de cristal de regalo, lo encontré hace un par de veranos en una tienda de licores, pero no me animé a cogerlo. Leí que era de la época del Bowmore afectado del “aroma a perfume”, no hablaban nada bien de él, y me dejé llevar por los prejuicios. Reconozco que Bowmore es una gran destilería, pero me pongo tenso frente a sus caldos. Ya digo, prejuicios…

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